La historia de las patatas de Olot

Las patatas de Olot, que se siguen haciendo artesanalmente como el primer día, se han convertido en uno de los platos más reconocidos, y uno de los productos gourmet por excelencia, de la Cocina Volcánica que se hace en la comarca de la Garrotxa en Cataluña.

La Cocina Volcánica es un colectivo formado por 17 restaurantes de la comarca que lleva más de 20 años propulsando la gastronomía local, apostando decididamente por mantener e incorporar en sus cocinas los productos propios de la Garrotxa, tierra de volcanes. Una cocina apasionada basada en los usos gastronómicos más tradicionales, utilizando los productos más cercanos como las judías, las patatas moradas, el alforfón, el maíz blanco, las trufas, el hormigo, el piumoc, el serrat de oveja, los caracoles o el jabalí. Una cocina próxima y contundente para chuparse los dedos y con un plato estrella: las patatas de Olot.

 

Historia de las patatas de Olot

LA HISTORIA DE LAS PATATAS DE OLOT 1La historia de las patatas de Olot se remonta al año 1943, de la mano de la familia Reixach, propietarios del Restaurante La Deu. El entonces alcalde de Olot y presidente de la Diputación de Girona, Pere Bretcha, acudió a comer con el gobernador civil y les pidió un plato diferente de los que ofertaban habitualmente.

Anteriormente, con motivo de su viaje de novios, maría Reixach y su marido habían probado en Mallorca unas patatas rellenas con carne de cordero y no dudaron en modificar aquella receta para sorprender a su importante cliente. El plato tuvo tanto éxito que La Deu no dejaba de recibir gente que querían saborear las patatas rellenas que se habían servido al Sr. Bretcha. Y así fue como, durante mucho tiempo, las patatas rellenas recibieron el nombre de patatas Bretcha.

Unos años más tarde, en la década de los 60 y gracias al crecimiento económico, la gente empieza a desplazarse más y comienza a salir de casa para ir a comer fuera, aumentando el prestigio del plato. Es en esta etapa cuando el restaurante decide cambiar el nombre de las patatas Bretcha por el de Patatas de La Deu.

A partir de la década de los 80 las patatas rellenas siguen popularizándose. Llega un momento en que el restaurante no puede dar servicio al incremento de la demanda y decide ayudarse de medios mecánicos para hacer las patatas en grandes cantidades. Inevitablemente aparecen las comparaciones entre las patatas artesanas y las patatas nuevas. Para distinguir a las primeras se recupera el nombre de auténticas patatas Bretcha, también nombradas patatas artesanas de la Deu, que son las que conocemos hoy y que, popularmente, todos conocemos como patatas de Olot.

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